Resumen:Un paradigma dominante en inteligencia visual trata la semántica como una propiedad estática de representaciones latentes, asumiendo que el significado puede descubrirse a través de la proximidad geométrica en espacios integrados de alta dimensión. En este trabajo sostenemos que esta visión es físicamente incompleta. Proponemos que la inteligencia no es un espejo pasivo de la realidad sino una propiedad de un agente físicamente realizable, un sistema limitado por una memoria finita, una computación finita y una energía finita que interactúa con un entorno de alta entropía. Formalizamos esta interacción a través de la estructura cinemática de un paquete de fibras semánticas de observación, donde los datos de observación sensorial sin procesar (la fibra) se proyectan sobre una variedad semántica causal de baja entropía (la base). Demostramos que para cualquier agente acotado, el costo termodinámico del procesamiento de la información (Principio de Landauer) impone un límite estricto a la complejidad de las transiciones de estados internos. A este límite lo denominamos Constante Semántica B. De estas limitaciones físicas derivamos la necesidad de una estructura simbólica. Mostramos que para modelar un mundo combinatorio dentro del límite B, la variedad semántica debe sufrir una transición de fase, debe cristalizar en una forma discreta, composicional y factorizada. Por tanto, el lenguaje y la lógica no son artefactos culturales sino necesidades ontológicas (el estado sólido de la información necesaria para evitar el colapso térmico). Concluimos que la comprensión no es la recuperación de una variable latente oculta, sino la construcción de un cociente causal que hace que el mundo sea algorítmicamente comprimible y causalmente predecible.
Publicado originalmente en export.arxiv.org el 23 de febrero de 2026.
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