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Sparrows in San Francisco’s Presidio began to sing with faster trills—and at a higher pitch—so their fellows could hear them over the noise of nearby traffic.

El ruido que hacemos está dañando a los animales. ¿Podemos aprender a callarnos?

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Cuando comenzó la pandemia de covid-19, Jennifer Phillips pensó en los cantos de los gorriones.

Pero cuando el repentino y espeluznante silencio de la pandemia descendió, Phillips se sentó en casa pensando: Está realmente tranquilo. Los gorriones del Presidio de San Francisco comenzaron a cantar con trinos más rápidos (y en un tono más alto) para que sus compañeros pudieran oírlos por encima del ruido del tráfico cercano.

Siguieron otras pruebas A/B igualmente ingeniosas. Uno fue dirigido por David Luther, biólogo de la Universidad George Mason (que también trabajó con Phillips en el estudio del covid-19 en San Francisco). En 2015, estos investigadores tomaron 17 gorriones de corona blanca al nacer y los criaron en un laboratorio. Para enseñarles las canciones de su especie, les reprodujeron a los polluelos grabaciones de gorriones adultos cantando, en tonos bajos y altos. Seis de los polluelos escucharon los cantos sin ninguna interferencia; con la otra mitad, los investigadores reprodujeron al mismo tiempo los sonidos del ruido de la ciudad.

Esta historia ilustra una curiosa ventaja.

Publicado originalmente en technologyreview.com el 16 de abril de 2026.
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