4 minutos de lectura
En un ventoso día de noviembre, un turbohélice Cessna sobrevoló Pensilvania a 5.000 metros, con vientos cruzados de hasta 70 nudos, casi tan rápido como volaba el pequeño avión. Pero las condiciones accidentadas no frustraron su misión: transmitir energía de forma inalámbrica a los receptores en tierra mientras pasaba volando. Muchos investigadores se han decidido por las microondas como su haz preferido para la energía inalámbrica. Pero, además de las preocupaciones de seguridad que supone disparar ondas tan intensas a la Tierra, Jaffe dice que hay otro problema: las microondas son parte de lo que él llama la “propiedad frente a la playa” del espectro electromagnético: un rango de 2 a 20 gigahercios que se reserva para muchas otras aplicaciones, como 5G{“imageShortcodeIds”:[]}
Publicado originalmente en espectro.ieee.org el 12 de enero de 2026.
Ver fuente original
